Keiko gana con giro clave del sur y el centro en las Elecciones 2026

Keiko Fujimori se convirtió en la primera presidenta electa del Perú al imponerse en la segunda vuelta de 2026 frente a Roberto Sánchez por un margen de apenas 49.641 votos, uno de los más estrechos de la historia electoral del país. Más allá de la cifra final, el mapa del voto muestra una transformación importante en la geografía política del fujimorismo: en comparación con la contienda de 2021, la candidata de Fuerza Popular logró crecer de manera decisiva en las regiones del sur y del centro, donde sumó cerca de 405 mil votos adicionales, mientras su dependencia del respaldo del extranjero se redujo.

En elecciones anteriores, el sur y el centro se habían convertido en los bastiones de sus rivales, con marcadas diferencias a favor de los candidatos de izquierda. En 2026, en cambio, la campaña de Keiko ajustó su discurso y su despliegue territorial para intentar romper esa resistencia, con énfasis en seguridad ciudadana, empleo formal y continuidad de la estabilidad macroeconómica, lo que se tradujo en un avance en varias provincias donde antes perdía por amplios márgenes. Aunque Roberto Sánchez mantuvo un voto fuerte en zonas rurales y parte de la sierra centro y sur, el incremento del caudal de Fujimori en segmentos clave del interior del país permitió compensar pérdidas y alcanzar una ventaja mínima pero suficiente en el conteo nacional.

El resultado confirma que la victoria de Keiko no se explica solo por Lima y el voto en el exterior, sino por un reequilibrio más amplio entre costa, sierra y selva, con un papel relevante de las ciudades intermedias y la población que migró al empleo formal en los últimos años. También ratifica que la polarización sigue presente: la suma conjunta de los dos finalistas apenas supera el 50% de los votos válidos en primera vuelta, y la segunda se resolvió “voto a voto”, como ilustran las cronologías del recuento y los informes de la ONPE. Para el nuevo gobierno, estas cifras son una advertencia: la gobernabilidad dependerá de cómo interprete las demandas de las regiones que ayudaron a su triunfo y de su capacidad para responder a la inseguridad, el empleo y la crisis de confianza institucional que marcaron el ciclo electoral.