MAGA exportado por Rubio resume la nueva apuesta de la Casa Blanca por influir abiertamente en la política europea. El secretario de Estado viaja a Hungría y Eslovaquia para respaldar a líderes populistas afines al proyecto de Donald Trump. Con su apoyo a Viktor Orbán, Rubio avala un modelo que debilita contrapesos democráticos y confronta las instituciones de la Unión Europea. También introduce la idea de condicionar el respaldo estadounidense a la adopción de una visión conservadora de la civilización occidental.
Un laboratorio para la política exterior de Trump
Este activismo exterior se apoya en la nueva estrategia de seguridad nacional, que celebra el auge de partidos patrióticos y antinmigrantes en Europa. Al mismo tiempo, la popularidad de Trump cae por debajo del 40% en su propio país, lo que incrementa las críticas a su injerencia internacional. Varios gobiernos europeos temen que esta sinergia con Orbán erosione estándares democráticos conquistados tras la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, la Casa Blanca usa herramientas económicas y diplomáticas para influir en elecciones de América Latina, Israel y otros aliados clave. En ese contexto, el intento de Rubio por exportar MAGA abre un nuevo frente de tensión transatlántica difícil de revertir.



