La estrategia visual de Keiko Fujimori dio un giro clave al desplazar el clásico naranja y apostar por el rojo dominante. En su reciente conferencia, un fondo blanco con letras rojas y negras reemplazó al color que identificó al fujimorismo por décadas. Este cambio, según especialistas, no es estético, sino un reposicionamiento simbólico pensado para la segunda vuelta.
El rojo busca transmitir urgencia, acción y capacidad de resolver problemas en un contexto marcado por inseguridad y hartazgo ciudadano. Los analistas señalan que el mensaje implícito apunta a que “esto ya no se conversa, se resuelve”, reforzando una promesa de orden. Mientras tanto, el naranja queda en un segundo plano, reservado para la identidad interna de Fuerza Popular y la militancia fiel.
Rojo protagonista, orden y riesgos calculados
Esta estrategia visual combina el rojo protagónico con la imagen de una candidata de blanco, sobria y más cercana. Con ello, se intenta proyectar liderazgo firme, pero también control emocional, en contraste con campañas anteriores más confrontacionales. La estrategia visual de Keiko Fujimori, sin embargo, no está libre de riesgos, porque el rojo también puede activar recuerdos negativos del fujimorismo duro.
Los expertos advierten que, si no se equilibra con gestos calmados, el rojo podría asociarse con autoritarismo en sectores antifujimoristas. Aun así, para segunda vuelta, la prioridad es consolidar una identidad fuerte frente al rival, más que agradar a todos. El mensaje final es claro: Keiko quiere instalarse como la opción de orden en plena crisis política.