La defensa política de José Jerí se centra en mostrarlo como un presidente que aprende rápido bajo presión. Ernesto Álvarez destaca que hoy lo ve más cuajado, consciente de que cada gesto y palabra tiene consecuencias. No solo rechaza su renuncia, también afirma que las especulaciones y la mala intención han distorsionado el debate público. En esa línea, apuesta porque el mandatario concluya su periodo y se convierta en una promesa para la política futura.
Un premier que pide menos morbo y más clase política
Álvarez cuestiona que se mida a Jerí por su vida privada, recordando que es un hombre soltero y sin pasado en el poder. Advierte que regresar a estándares moralistas extremos puede destruir trayectorias políticas en desarrollo. Sobre las visitas nocturnas a Palacio, señala que también asesores y asistentes han dormido allí tras operativos de seguridad. Además, descarta que las fotos de los expresidentes en Barbadillo sean una cortina de humo para distraer a la opinión pública. Reconoce que se requiere adecuar el reglamento penitenciario, pero insiste en que no se puede tratar como reos peligrosos a quienes ejercieron la presidencia. Para el premier, sin una clase política profesional, las decisiones improvisadas terminan golpeando el bolsillo de los hogares peruanos. Así, su defensa política de José Jerí se vuelve también un llamado urgente a madurar la discusión pública en medio de la censura.



