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A un año de la elección del cardenal Robert Prevost como papa León XIV, Chiclayo y la región Lambayeque recogen los frutos de su histórica conexión con el primer sumo pontífice con nacionalidad peruana. La “Capital de la Amistad” ha ganado una visibilidad mundial inédita: periodistas, documentalistas y creadores de contenido de diversos países han llegado para conocer los lugares donde el hoy Papa ejerció su misión pastoral durante casi cuatro décadas en el Perú. En este recorrido se resaltan templos, parroquias, centros de formación religiosa y testimonios que narran el impacto social y espiritual de Prevost en Chiclayo, Ciudad Eten, Monsefú y Zaña.
Esa mayor exposición internacional ha impulsado un auge del turismo religioso, con la llamada “Ruta de León” como eje de un circuito que integra la Catedral Santa María de Chiclayo, el Santuario Virgen de la Paz, la iglesia San Pedro de Monsefú, la parroquia María Magdalena en Ciudad Eten y el convento San Agustín de Zaña. Solo en el último año, más de 15 mil visitantes han llegado al Centro Cultural Municipal, triplicando las cifras previas al cónclave de 2025; alrededor del 20% de ellos son turistas extranjeros provenientes de países vecinos y también de destinos lejanos como Japón y Corea. Este flujo creciente se siente en la economía local: hoteles, restaurantes, agencias de viajes, servicios de transporte y guías turísticos reportan una fuerte expansión de la demanda.
En paralelo, la identidad chiclayana se ha fortalecido de la mano de un renovado fervor religioso y de la expectativa por la futura visita pastoral del papa León XIV a la ciudad, aún sin fecha definida. La proyección cultural de Chiclayo también se consolida al presentarse no solo como cuna de grandes culturas prehispánicas, sino como escenario de importantes celebraciones de fe en las que participó el entonces obispo Prevost, como la Semana Santa, la Cruz de Motupe, la fiesta del Divino Niño de Eten y otras festividades. Incluso la gastronomía local ha ganado protagonismo: el interés por los platos preferidos del Papa —como el seco de cabrito con frejoles, el espesado y el arroz con pato— ha colocado a la cocina chiclayana y lambayecana como una de las joyas más reconocidas dentro del mapa culinario peruano que conquista al mundo.